El humano considera que está en la cima de las especies, en el extremo de la cadena alimenticia, los detractores de su misma especie se autocalifican como el mayor depredador del planeta.
A pesar de todo lo malo que se pueda decir de esta especie, aún considera que uno de los mayores privilegios que posee y que establecen la diferencia con los demás seres vivientes, es la inteligencia. Animales superiores e inferiores, el gorila y el chimpancé aún con un 90% o más de afinidad genética, el humano la considera por debajo de sus capacidades intelectuales.
Es la inteligencia lo que ha permitido subsistir y expandir a todos los rincones del planeta a cada uno de sus individuos, la especie humana se adecua a su medio ambiente a través del tiempo y mientras esto ocurre, mientras se completa el proceso de adaptación, gracias a su inteligencia modifica y transforma su medio ambiente, construye vestidos, calzados, viviendas e instrumentos para imponerse y dominar a las demás especies e incluso a sus mismos congéneres, todo esto como parte de un proceso de “selección natural”, donde sobrevive el más apto.
El número de individuos ha incrementado a grado tal que existen partes del mundo donde, aunque se lea irónico o redundante, la inteligencia parece sobreponerse a la razón, ha establecido normas que limitan el crecimiento poblacional ante la escasez de bienes para garantizar la supervivencia de los demás.
La realidad desde otro ángulo.
Si nos ubicáramos en otra posición y observamos al ser humano como otro animal independientemente de los atributos de superioridad que quiera endilgarse, su comportamiento es similar a cualquiera otro ser viviente.
Analizando el comportamiento de insectos, mamíferos y especies acuáticas, los científicos han dado a conocer el comportamiento de éstos bajo condiciones de sobrepoblación.
Cuando este fenómeno se produce, los individuos de cualquier especie demuestran mayor agresividad, mayor estrés, canibalismo, homosexualismo, suicidios, mayores actitudes depredadoras, enfermedades, etcétera.
Algo similar ocurre con el ser humano actualmente, quien cree que con su inteligencia va a lograr detener lo que parece ser un fin inminente de esta especie, observemos como va acabando con su entorno, por más que intenta normar para detener el fin de la especie, pocos o nadie ha decidido renunciar a aquello que le proporciona confortabilidad en su modo de vida.
Ecologistas se llaman quienes quieren proteger el medio ambiente, pero continúan utilizando el servicio eléctrico, productos químicos, transporte, computadoras, Internet y otras bondades que ofrece la modernidad producto de su maravillosa inteligencia, como queriendo inducir a sus congéneres a reducir y limitar el consumo de la tecnología, sin detener o limitar las propias acciones, algo así podría interpretarse “háganlo los demás mientras yo disfruto”.
Estamos llegando a un punto donde nadie ha decidido renunciar a su inteligencia y a los productos que han resultado de ellas, nadie quiere ni se imagina que volver a un estado de “animal inferior” podría redundar en una permanencia de la especie en este planeta.
Nadie quiere reincorporarse a la naturaleza aunque esta la propongamos a los demás como la manera ideal de vivir.
No falta quien, en algún momento decida visitar a quienes por necesidad viven en el campo y después de unos breves días no puede comprender cómo logran vivir sin los satisfactores a los que estamos acostumbrado, como vivir sin celular, sin televisión por cable, Internet, energía eléctrica, agua potable, combustible de cualquier tipo o cuando menos de un medio de transporte para salir huyendo de ese mundo tan simple.
Somos víctimas de la modernidad, somos víctimas del capitalismo, no podemos concebir la vida sin producir dinero, sin producir el capital para la adquisición de los satisfactores “básicos”.
Nuestros impulsos de animales sofisticados ocasiona la necesidad de sentirnos superiores a los demás por aquello que poseemos y nos obliga a regresar al los lugares o sitios donde sentimos que somos alguien, que somos superiores a los demás aunque esto nos deje un vacío, una ansiedad y continuemos en busca del capital, de la acumulación del capital para sentir que estamos por encima de los demás necesitamos poseer mayor cantidad de bienes, estamos inmersos en una espiral que gira y torna hacia diferentes puntos pero no logramos llegar exactamente a donde queremos.
Las necesidades humanas son eternas e infinitas y la búsqueda de esos satisfactores es parte del móvil que ha hecho que lleguemos al punto donde estamos, pero en realidad nada ni nadie logrará detener el incremento de éstas.
Habrá ser necesario que se produzca un colapso que detenga y ocasione un “retroceso” a la especie humana, algo que detenga esa voracidad y ansia de poder, de sentir que está por encima de las demás especies animales, un borrón y cuenta nueva. Si acaso pensamos que es la solución ¿quien será el que lo provea, la naturaleza o el mismo humano en un acto masivo de exterminio a su propia especie de manera consciente o inconsciente? Aún así si esto ocurriese ¿sería calificado como un acto voluntario o sería considerado como una reacción natural de la misma especie?
Salvador Trujillo Rodríguez
9 de mayo de 2008
Chetumal , Quintana Roo
México.

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